¿Cómo los ecuatorianos han vivido e imaginado el deseo desde los remotos días de nuestros pueblos aborígenes hasta la actualidad? ¿Qué producciones simbólicas han generado las experiencias corporales de la nación? ¿Cuáles son los tópicos desde los cuales los artistas ecuatorianos han articulado sus visiones eróticas? ¿Qué otros temas y territorios sagrados o profanos han explorado en sus obras?
Esas son varias de las preguntas que han sustentado la confección del libreto curatorial de la exhibición Erotopías: Cuerpo y deseo en el arte ecuatoriano (3900 a.C. – 2013 d.C.), que está a cargo del poeta cuencano Cristóbal Zapata, y que se presenta en el marco de la Feria del Libro “Arte y Erotismo” 2013.
Erotopías
En el ingreso la primera oferta es la muestra de arte erótico. Una guía aguarda en el ingreso de la sala donde lo primero que se aprecia es un letrero de advertencia: la exhibición, por su naturaleza, tiene una censura para menores de edad. No obstante, la guía se anticipa antes de que el visitante que lleva, por ejemplo, a sus hijos, decida alejarse: “Puede entrar con él (o ellos) siempre que usted lo lleve y le indique que son obras artísticas”, recomienda. Aquella tarde de sábado, algunos entraban y tan pronto veían, por ejemplo, obras de Wilson Paccha, se iban.
Otros en cambio simplemente recorrían. Y algunos, en cambio, se detenían a ver los textos que, de alguna forma, sustentaban la muestra, llamada Erotopías, curada por el cuencano Cristóbal Zapata.
Sobre la pared, al inicio del recorrido, se lee: “Teniendo al sexo como punto de partida, el erotismo rebasa la mera sexualidad, es el deseo fantaseando sobre su objeto, transfigurándolo, reinventándolo y resignificándolo incesantemente. ‘En todo encuentro erótico -dice Octavio Paz- hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación, el deseo’; y de allí la infinita variedad de sus ceremonias y sus representaciones”.
Y claro, son las representaciones de la sensualidad, en muchos de los casos, las que pueblan la exhibición; o también la problematización sobre el género masculino o femenino, o la confrontación a los cánones de belleza propuestos por Occidente. Y todo desde efigies de la época precolombina hasta pinturas del arte ecuatoriano del siglo pasado.
Para ejemplificar: una figura de cerámica de la cultura Jama Coaque (500 a.C. - 1650 d.C) representa a dos humanos manteniendo una cópula. Aquello, como ya había dicho el ministro de Cultura y Patrimonio, Francisco Velasco, evoca que el erotismo no es un asunto reciente.
Otro ejemplo: Gordo (1978), de Enrique Tábara, va contra la estilización de la figura masculina, representación unívoca de Occidente, y ubica a un hombre adulto, con exceso de peso en su cuerpo y con señas de cansancio.
Así la muestra recorre un extenso cartel de artistas ecuatorianos y extranjeros residentes en Ecuador, en total 71 y seis culturas prehispánicas. Erotopías estará abierta hasta enero.






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